lunes, 4 de marzo de 2013

El encuentro




Un incandescente sol cobija las colinas del parque principal, y en su extensión, allí cerca al lago, donde se reúnen los patos y gansos a degustar las moronas que arroja la entretenida muchedumbre, se preparan al encuentro Nicole y Federico. Ya desde lo lejos se avistan. Ella cuidadosamente acaricia su pelo, se embellece aún más. Tal vez sin la intención de hacerlo; él arroja una colilla de cigarro, exhala rápidamente y frota sus manos contra el pantalón para disimular el olor. Con cada paso que dan, cada uno piensa en lo que va a decir. La forma de abordarse el uno al otro: “¿le doy la mano? ¿Le beso la mejilla? ¿En la boca?”—piensa él. “¿me dará la mano? ¿Me besará en la mejilla? ¡¿En la boca?!—se imagina ella.

sábado, 16 de febrero de 2013

Miércoles de peniza







En la alejada vereda de san Nicolás, en el departamento de las Cúspides vivían no más de 200 personas que fervorosamente asistían a los oficios religiosos que impartía el sacerdote Tomás. Tomás era un viejito amable y bonachón al cual toda la vereda quería mucho por haber sido el párroco oficial del territorio por más de treinta años.

Las celebraciones religiosas eran las más concurridas en la vereda y todo el mundo, fuese quien fuese y estuviera haciendo lo que estuviera haciendo, lo prorrogaba para asistir a tan importantes actos. Pero un día trascendental se acercaba y el padre Tomás iba a ser el protagonista.

sábado, 12 de enero de 2013

El viaje




Ezequiel se encontraba como de costumbre esperando el bus que lo conduciría a su casa. Después de haber salido de la universidad y por ser Viernes, había ido a un bar cercano al lugar de estudios a tomarse algo con sus compañeros y a celebrar el fin de la ajetreada semana. Se había tomado unas cuantas cervezas y estaba levemente alicorado pero era capaz de llegar solo a su destino.

En la ciudad se había instaurado un toque de queda debido a la cruzada contra las drogas que realizaba el departamento de policía; toda persona encontrada fuera de las horas establecidas era llevada a detención preventiva y liberada hasta el otro día. Las calles se tornaban solas a horas muy tempranas y ese día, el bus que tomaba el joven cuya frecuencia era de quince minutos, se había prolongado hasta cuarenta. Los minutos corrían y el bus nada que aparecía, por lo que el joven decidió tomar un taxi. Extendió su brazo y el conductor lo avistó pero antes de que se pusiera a su lado, una van se le adelantó, abrió la puerta corrediza y dejándolo sin reacción, varios brazos lo halaron hacia el interior, lo acomodaron en una especie de sofá que habían adaptado al vehículo y escuchó la voz de una mujer que le dijo: “Hola cariño, hoy te vamos a enloquecer”

A pesar de su asombro y pese a que todos usaban pasamontañas, la voz dulce de la mujer lo hacía sentir menos incómodo ante la situación. A una sutil orden de la mujer los demás ocupantes de la van ataron a Ezequiel a una pata del sofá por cada extremidad. Posterior a esto lo amordazaron y le arremangaron las mangas de su camisa. La mujer le hizo un gesto a uno de los hombres y éste de inmediato le alcanzó un maletín forrado en terciopelo rosa, lo abrió y de su interior sacó una jeringa, la golpeó un par de veces con los dedos y se la inyectó en el brazo. “esto es para hacernos las cosas más fáciles cariño” le dijo acariciándole la cabeza.