sábado, 16 de febrero de 2013

Miércoles de peniza







En la alejada vereda de san Nicolás, en el departamento de las Cúspides vivían no más de 200 personas que fervorosamente asistían a los oficios religiosos que impartía el sacerdote Tomás. Tomás era un viejito amable y bonachón al cual toda la vereda quería mucho por haber sido el párroco oficial del territorio por más de treinta años.

Las celebraciones religiosas eran las más concurridas en la vereda y todo el mundo, fuese quien fuese y estuviera haciendo lo que estuviera haciendo, lo prorrogaba para asistir a tan importantes actos. Pero un día trascendental se acercaba y el padre Tomás iba a ser el protagonista.