Un incandescente sol cobija las colinas del parque principal, y en su
extensión, allí cerca al lago, donde se reúnen los patos y gansos a degustar
las moronas que arroja la entretenida muchedumbre, se preparan al encuentro
Nicole y Federico. Ya desde lo lejos se avistan. Ella cuidadosamente acaricia
su pelo, se embellece aún más. Tal vez sin la intención de hacerlo; él arroja
una colilla de cigarro, exhala rápidamente y frota sus manos contra el pantalón
para disimular el olor. Con cada paso que dan, cada uno piensa en lo que va a
decir. La forma de abordarse el uno al otro: “¿le doy la mano? ¿Le beso la
mejilla? ¿En la boca?”—piensa él. “¿me dará la mano? ¿Me besará en la mejilla?
¡¿En la boca?!—se imagina ella.