Cansado por el sol
los años y el oficio.
De sentirse absorbido,
condenado al precipicio.
Repasa en su cabeza,
las acciones pertinentes
para engañar al destino,
escaparse de sus dientes.
Día a día lo atormenta
aquel sueño tan macabro.
Que lo pone a sudar frío,
que le causa sobresalto.
Reviviendo los recuerdos,
escarbando en su pasado.
Es un sueño recurrente,
tenebroso y desfasado.
Incluyendo las escenas
de aquel crimen cometido.
Infundiéndole temor,
el que nunca había sentido.
Compañeros le advirtieron
preocupados por su vida,
que huyera cuanto antes
que buscara otra salida.
Es difícil convencerlo
Por lo viejo y testarudo.
Aquí ha echado sus raíces
Abandonar, lo dudo.
Resignados los vecinos
temiendo lo esperado,
un minuto de silencio
hacen por anticipado.
Y no era para menos
toda esta paranoia.
Pues los dientes del destino
acortaban ya su historia.
En sierras convertidos
cercenaban estos dientes.
Los brazos y las piernas
con sevicia inclemente.
El castigo soportaba
sin decir una palabra.
Con coraje resistía
la pena macabra.
Para construir casas
Lo talaron esos hombres.
Su delito: sus raíces
Su final: no tiene nombre.
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